Nuestra Historia


Soy Francisca, mamá de Bruna, y quiero compartir con ustedes nuestra historia y cómo llegamos hasta acá.

Desde que supe que estaba embarazada tuve la inquietud de que mi hija se desarrollara en un entorno amigable, respetuoso con ella, con sus tiempos y también con el medio ambiente. Como buena mamá primeriza leí bastante, estaba interesada en sacar el mayor potencial de ella pero sin tener que forzarla a nada. Leí sobre la teoría del movimiento libre de Emmi Pikler, me acerqué a la metodología Montessori y empecé a aplicarla en casa. Comencé adaptando su pieza y luego pasé a buscar dinámicas de juego para sus primeros meses. Una cosa llevó a la otra y Google me llevó al canasto de los tesoros

Partí en casa con cucharitas de madera, vasitos o lo que tuviera a mano, pero la verdad es que algo que parecía tan fácil se transformó en una tarea difícil. Descubrí el exceso de plástico del que estamos rodeados y me propuse como desafío armarle su primer canasto, pero hacerlo bien, con elementos y materiales nobles y lo más importante de todo: sin plástico.

Este canasto, tan simple en teoría pero tan rico en posibilidades, pasó a ser un indispensable a la hora del juego y el mejor compañero a la hora de viajar o salir de casa. 

Ha sido maravilloso ir descubriendo cómo cada elemento del canasto, siendo el mismo elemento siempre, le ha entregado a Bruna tantas posibilidades y ver cómo ha ido cambiando en las dinámicas de juego, pasando del chupeteo, a rodar, al encaje, al lanzar, etc.

Hoy quiero compartir con ustedes nuestro canasto de los tesoros, espero lo disfrutes tanto como nosotras.